Que premio tan injusto.

Publicado: 30/11/2012 en Opinion y reflexión
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Una vez analizadas las candidaturas para el Balón de Oro en cuanto a jugadores, llega el turno de los entrenadores. Los méritos de Del Bosque y Mourinho son evidentes, brutales y con records dificilmente igualables. Vicente logró, con nuestra Roja, completar un trébol nunca antes visto en las competiciones de selecciones, con un 4-0 brillante, incontestable y sin paliativos contra la sorprendente y veterana Italia de Prandelli y Pirlo. Por otro lado, Mourinho ganó la Liga con 100 puntos, 121 goles y la guinda de dar el golpe de autoridad que la finiquitaba en el campo del eterno rival. Además fue una máquina de aplastar rivales a la contra y, como el Barça, se quedó a la puertas de la final de Champions porque la diosa fortuna no en sonrió en momentos determinantes.

Son unos avales prodigiosos para don Vicente y Mourinho, y entre ellos se cuela Pep Guardiola, cuyo único titulo ha sido una Copa del Rey, mientras que Di Matteo, campeón de la UCL y la FA Cup, se queda fuera de la terna. Este es el argumento que algunos esgrimen para calificar el galardón de poco menos que un atraco a mano armada, pero frente a la Champions estéril del italiano se encuentra un entrenador revolucionario de éste deporte. Muchos no querrán hacer ejercicio de memoria voluntario, pero amablemente les invito a recordar que Pep usó un 3-4-3 cuando se jugaba la Liga y un inédito 3-3-4 en la vuelta de Champions, sistemas que son el más claro síntoma de un equipo que jamás dio la espalda a su estilo, que siempre llevó la iniciativa y que apostó, partido si y partido también, por un fútbol preciosista y ofensivo.

Un buen entrenador no solo se caracteriza por sus títulos, sino por su capacidad de trascender algún modo en este juego. Parafraseando al propio Pep tras el 5-0, del que ayer se cumplieron dos años: ” Se han ganado ‘solo’ 14 títulos, nada más, pero lo que queda para siempre es el cómo “. Eso es lo que se le premia a Pep, el triunfo de un estilo inventado por Cruyff, modificado por Rijkaard y sublimado por él mismo.

En el fútbol mandan los resultados, pero al aficionado no le gusta que le tomen el pelo. Por eso mañana nadie recordará a Di Matteo, y la historia se encargará de que el milagro blue fuese solo un grano de arena en el inmenso desierto que nos dejan Mou, Vicente y Pep. Qué merecido lo tendrá quien gane en enero.

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