Somos lo que leemos.

Publicado: 12/12/2012 en Opinion y reflexión
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Vivimos tiempos convulsos en los que una tremenda crisis económica mundial y unas tasas de paro absolutamente insultantes y vergonzosas nos azotan, y muchos encontramos en el deporte un santuario en el que evadirnos de deberes, obligaciones, trabajo, estudios y demás aspectos de la vida cotidiana. Hasta aquí, todos de acuerdo, pero… ¿ qué pasa con aquellos que nos informan ? ¿ Hacen bien su trabajo ?

Los supuestos profesionales, cuya máxima teórica es buscar la noticia e informar al espectador, viven del conflicto, de encender el ventilador de la mierda y esparcirla a cada rincón con tal de ridiculizar al rival, desprestigiarlo y minimizarlo para que la proyección del aliado sea, si cabe, aun más grande. Esas tertulias de Sálvame con balones, comandada alguna por algún tipo de nombre real anglosajón que solo llega a Marqués, viven del conflicto y de la más absoluta manipulación mediática en forma de palo al enemigo y zanahoria al aliado. Si Messi bate el record de Müller, no pasa nada, es todo mentira porque todos nos estábamos olvidando de Godfrey Chitalu, amén de que el tema realmente importante es la suplencia de Villa o el escandaloso amaño arbitral que sufre la Liga a favor de unos u otros. Igualmente, si el argentino hace dos años tuvo la desfachatez de robar el Balón de Oro a dos españoles, esta vez el galardón debe hablar luso, si o si, aun con un español en liza.

Todo vale para separar donde el periodismo antiguo, el de verdad, unía. No hablo de que los rivales tengamos que hacernos felaciones por cada mérito ajeno, pero hemos llegado a un punto en el que el contrincante es poco menos que basura porque compra árbitros, porque Mou presume de haber fundado un club histórico, porque Sandro Rosell debería abrir menos la boca o porque Iker, ni más ni menos, debería ir jubilándose por un dudoso comienzo de temporada.

Tenemos un periodismo que incita a la violencia porque hay una troupe de desquiciados que insisten en repartir estopa hacia cualquier punto de España vía puente aereo Madrid-Barcelona. Un periodismo que exige el ahorcamiento de Mou en una plaza pública, que aboga porque Messi deje de traficar con hormonas de crecimiento, que viven empeñados en plasmar cuan fracasado será Falcao si, al final, no se decide por Real Madrid o Barcelona y que venden fichajes de renombre día si y día también, sin dar cabida a las disculpas por la información evidentemente erronea. Porque, en caso de dicho error, el argumento para la defensa es que el fútbol es muy cambiante, nos limpiamos las manos y la culpa, al empedrado.

La programación deportiva, por llamarla de algún modo, no vive por la información, sino por la audiencia. Una audiencia mononeuronal que se conforma con el alpiste barato que estos programas le regala. Una audiencia que gusta del morbo que se generan en debates que no conducen a ninguna parte y en el que solo lleva razón el que más haya gritado esa noche. Luego nos extrañamos de que se produzca algún que otro hecho violento. Violencia va a haber siempre, pero si estas meretrices de tan digna profesión lo siguen, de algún modo, fomentando, algún día tendremos un disgusto. Un disgusto muy gordo. Y las culpas… ay, pobre empedrado.

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comentarios
  1. Montse dice:

    Ya no saben q inventar!!

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