Archivos para marzo, 2013


Un artículo de @JorgeRubert

Se las daban muy felices los Heat cuando llegaban al United Center de Chicago, pero no sabían que iban a estar a punto de quebrantar una oportunidad inmejorable para entrar en la historia. Los de Spoelstra no supieron hacer frente al quinto equipo del Este plagado de bajas, y dos de ellas de gran importancia, Noah y Rose. Considero la primera de mayor calibre, porque creo que el juego interior de los Bulls esa noche podía haber practicado una sangría contra un Bosh, solitario, y en horas bajas.
Este partido iba a romper lo que podría haber significado si hubieran salido victoriosos de los próximos cinco partidos, cosa improbable, porque uno de ellos se produciría en San Antoniola mayor racha de victorias consecutivas en la historia de la NBA, 33. Igualando así el récord de los Lakers de la década de los setenta, equipo de los Wilt Chamberlain, Pat Riley o Jerry West, algo que nos da un indicio del nivel que está presentando en esta campaña la franquicia de Miami.
El encuentro comenzó con una igualdad latente, sin ventajas abusivas por parte de ninguno de los dos conjuntos. En la primera mitad, LeBron mantuvo a flote a los suyos con una actuación de 18 puntos, que en la segunda ampliaría a 32, insuficientes para contener la tormenta roja. Una actuación similar sostuvo durante el partido el sudafricano Luol Deng, que acabó con 28 puntos.
Pero sin duda alguna, la estrella del partido se encontraría en la pintura por parte de los locales, Carlos Boozer consiguió un doble-doble de los que ya nos tiene acostumbrados esta temporada, algo que le sitúa en la parte alta de la clasificación de esta estadística en la presente temporada por detrás de David Lee (43). Nos deleitó con 21 puntos y 17 rebotes, además de un rebote ofensivo más canasta en un momento clave para situar como imposible la remontada de los ‘Beach Boys’. Esta actuación del ex-pívot de los Jazz, viene condicionada por la falta de juego interior de los Heat, y su juego con un solo hombre alto, motivo de sorpresa para muchos equipos de la liga. Sólo así se puede explicar que el equipo que menos rebotes captura, posea la mejor marca de la temporada.
Sin embargo, esto es algo que no pilló por sorpresa a Tom Thibodeau, sabedor de esto, mantuvo a un solo hombre jugando por dentro durante todo el partido, intercambiando la posición de ’5′ entre Boozer y Gibson. Algo de lo cual Scott Brooks debería tomar nota para un futurible enfrentamiento con Miami de nuevo en las Finales, ya que a su equipo le pasó factura la poca preparación de este aspecto del juego.
La actuación del ‘Big Three’ fue escasa, aunque entre los tres sumaron 71 de los 97 puntos del equipo, y es que ninguno de sus otros compañeros logró sobrepasar la decena de puntos. En el bando local, cabe destacar la actuación de Nate Robinson, con 14 puntos en apenas 20 minutos, dejándonos acciones calificables de eléctricas, a las que ya nos tiene muy acostumbrados. Además Jimmy Butler, dejando a un lado sus 17 puntos, nos regaló un mate  que estará presente en las ‘Highlights’ de la semana, y asimismo, parece consolidarse como el gran jugador que nos lleva demostrando estas últimas semanas.
 
La rabia de la derrota y el hecho de quedarse a las puertas de la historia, fue representada en una flagrante practicada por LeBron sobre Boozer, con el partido totalmente decidido. Pero a pesar de esta derrota, es innegable la trayectoria que nos está mostrando el equipo de Miami, y que si sigue en esta línea, completará, con reservas, el objetivo propuesto por ‘King James’ en su presentación con los Heat.
Anuncios

Celta y Zaragoza como aperitivos antes de PSG y Galatasaray respectivamente, el típico partido que da pereza jugar y en el que más que competir, se hace acto de presencia, un par de carreras, algún que otro gol y a otra cosa, porque la Liga está acabada desde hace tiempo para los dos, uno que ya se sabe ganador desde diciembre y otro que, directamente, la ha tirado y ni los tropiezos puntuales del líder le motiva.

Roura y Mourinho optaron por un once inicial plagado de los no habituales, pero ni siquiera el aliciente de la titularidad sirvió como motivación para ellos. Excepto para Marcelo y Tello, el primero que ya ve la luz al final del largo túnel que lleva recorriendo desde que se lesionara para tres meses; y el segundo que, a cada partido que juega, da una razón más para optar a la titularidad indiscutible en detrimento de Pedro y su bochornosa temporada, pero eso ya son aguas de otro río que ya comentaremos… por cierto, lo de Messi y Cristiano es porque comen aparte. Ellos no se borran ni de los trámites. Un record batido por el argentino y un punto de honor salvado por el luso, o lo que es lo mismo, el pan nuestro de cada día.

Podemos extraer como conclusiones del juego blanco que, cuando Xabi y Özil no están, el equipo pierde dinamismo y criterio, porque Modric es muy bueno, pero nadie en Chamartín ve los espacios libres como el germano; y comparar el trato de balón de Essien con el de Xabi ya es, directamente, un crimen. Kaká, en su línea, como siempre, intrascendente en un partido que, ya de por si, lo era y que, al menos, podría haberle reportado un gol, a pesar de la buenísima disposición táctica de Jiménez. Partido para olvidar y que sirvió más como descanso de los de siempre que como reivindicación de los de casi nunca.

¿Qué decir del Barça? Pues que desarrolla un juego muy poco fluido a la espera del alirón, que la Liga se le está llegando a hacer tan larga como las piernas de Liv Tyler y que los jugadores de peso específico como Puyol, Busquets, Xavi o Iniesta van a jugar casi con cuentagotas el campeonato doméstico para dosificarse de cara a Europa. Solo podemos destacar de ayer la progresión de Bartra y Montoya, ávidos de minutos; la intrascendencia, vía empanada mental, de Cesc Fàbregas; y el compromiso de Tello. Porque de Messi ya es tontería seguir hablando…

Esperemos que los partidos en Europa nos dejen un mejor sabor de boca, porque dudo que el aficionado eche de menos, durante dos semanas, una Liga que ya se antoja intrascendente en cuanto a lo que está por venir.


Primeramente me van a perdonar, pero mi tiempo se ve muy limitado ultimamente, y se que éste post era más apropiado la semana pasada, pero también les digo que uno no es muy partidario de hablar de partidos de selecciones salvo fracaso estrepitoso o asunto serio, llámese Eurocopa o Mundial. Pero vamos al meollo, un breve análisis acerca de los cuartos de la Champions League, uno a uno:

Bayern – Juventus: a mi juicio, el partido estrella de los cuartos de final, una guerra a campo abierto entre la potencia física de los muniqueses contra el buen juego combinativo de la Vecchia Signora. Pirlo será el comandante de una Juve que llega sin un ariete puro que desatasque partidos, a pesar de que Matri haya hecho una buena cantidad de goles durante esta temporada, pero Matri no es Mandzukic. El croata del Bayern iba a ser suplente de Mario Gómez, pero la lesión del germano ha propiciado que el balcánico sea el referente en ataque, con 22 goles esta temporada entre club y selección; y la dupla Javi Martínez-Schwensteigger aportará solidez en medio campo. Los problemas de Juve y Bayern llegan en la retaguardia, donde hay una excesiva fragilidad pero se alivia la sangría con dos de los mejores porteros del mundo bajo palos, Neuer y Buffon.

Málaga – Borussia: combatir fútbol con fútbol. Dos equipos revelación esta temporada que han sorprendido a toda Europa por practicar un estilo de juego muy vistoso y que se han llevado por delante a rivales de enjundia, como Milan, Oporto, Manchester City o Real Madrid entre otros. Será un encuentro de mucha pizarra, pero las genialidades de Isco, Joaquín, Götze o Reus pueden decantar la balanza a cualquier lado. Quizá el Borussia parte con la ventaja de tener uno de los mejores delanteros centro del mundo, a mi gusto, como es Lewandowski; y un central pretendido por media Europa como Hummels. Los alemanes son correosos y tienen mucha calidad, pero los de Pellegrini siempre han sacado adelante los encuentros que parecían más complicados. No en vano, el Oporto era el conjunto más en forma de los 16 de octavos, pero lo superaron con mucho coraje. Ambos están dejando la Liga de lado a cambio de un buen papel en la máxima competición continental.

Real Madrid – Galatasaray: el encuentro más desequilibrado de los cuartos de final, porque los turcos, no nos engañemos, están en cuartos porque les tocó el Schalke 04, también menor. A pesar de tener a Drogba, Altintop, Sneijder y Yilmaz, son un regalo en defensa, nada que hacer contra la solidez global de los de Mourinho, que tiene a CR7 enchufado al máximo y que bien vale cuatro veces una dupla Higuaín-Benzemá en el apartado goleador. Si encima Özil tiene la noche, el Galata no tiene nada que hacer. El ocho mil definitivo es que la eliminatoria sea a doble partido, por lo que me figuro que los otomanos saldrán a encerrarse en Madrid y aprovechar el tan cacareado “infierno turco” en la vuelta. Realmente, muy pocas opciones para el Galatasaray, pero en fútbol nunca se sabe.

Barcelona – PSGEl Barça viene hinchado de moral tras la tremenda remontada al Milan, viejo enemigo continental, y el equipo parece haber recuperado, por arte de magia, el juego de toque, la fuerza defensiva y el dominio de los partidos. El PSG, por su parte, cuenta con un casi infinito potencial ofensivo de la mano de Lavezzi, Pastore, Lucas Moura e Ibra, pendiente éste último del recurso de apelación. Los parisinos forman buenas jaulas a los peloteros rivales, como se pudo ver en el encuentro en Mestalla. Quizá de cara a puerta perdonan más de lo que deben, y fuera del Parque de los Príncipes son una auténtica máquina de matar, pero en condiciones normales debería pasar el Barça por tener un estilo ya consolidado y, efectivamente, a Leo Messi,  siendo el único escollo que con el que Tito, por fin, tendrá que lidiar será con el bloque defensivo, con más de la mitad de efectivos en la enfermería.

¿Hay ganas de Champions League? Muchísimas. Que llegue abril…

Villa nunca se hunde

Publicado: 18/03/2013 en Opinion y reflexión
Etiquetas:,

foton

Así es el Guaje. El asturiano es indomable por naturaleza, nunca se rinde y sabe sobreponerse siempre a las más feroces críticas a base de compromiso, goles y profesionalidad. Ha tenido que soportar durante más de dos temporadas todas las voces que le sacaban a la fuerza del Barça porque Messi es un Hitler de 1’69 con el que no hace buenas migas, pero esas teorías conspiratorias se desmoronan solas cuando combinan él y Leo sobre la pradera. Una pared, tac, gol. La sonrisa en la cara de David y el silencio o, aun más hipócrita, el elogio en todas esas bocas que presumen de estar limpias aun teniendo el culo sucio.

No es el más culé de todos, pero se desvive por la elástica azulgrana y siempre que está en el campo deja una razón más para que la grada del Camp Nou le rinda pleitesía, sabedora del calvario por el que ha tenido que pasar, ya fuera en forma de lesiones o de suplencias a veces incomprensibles y angustiosas.

Hoy por hoy no está a su máximo nivel, pero su mero nombre sobre el papel ya infunde respeto al rival y supone un gran desahogo para el Barça porque es una alternativa para una plantilla famélica de goles sin acento argentino y necesitada de un delantero puro para desatascar partidos de autobuses y murallas.

Siempre con sangre en el ojo y competitivo hasta el minuto 90, Villa es al fútbol lo que Rafa Nadal al tenis: un coloso de la mente.Otro jugador cualquiera se habría rendido, pero no, no iba ser el Guaje quien cayera. No tan fácilmente.


Villa hizo el tercero y completó la remontada. Apoteósico Barcelona.

Cuando los más agoreros, entre los que me incluyo, pronosticábamos que el Milan iba a hacer despertar a los más antiguos fantasmas que significaron la destrucción del fantástico Dream Team, surgió el Barça, pero no uno cualquiera, sino el de las mejores noches. Cuando Alves estaba para la venta, Mascherano para la jubilación, Villa no servía como 9 y Messi era el más absoluto culpable de todos los aspectos futbolísticos e institucionales del Barça, se sacudieron los complejos y críticas para firmar la remontada que el fútbol, o la diosa Fortuna, les vetó contra Inter y Chelsea en años anteriores.

El partido de anoche se puede resumir con una palabra: perfección. Iniesta hizo magia, Mascherano fue el Jefecito indiscutible, Villa se vació por completo y Busquets fue el sostén de todo el conjunto en un encuentro que exigía, más que nunca, una remontada a la heróica, algo con lo que el Barça no está acostumbrado a lidiar, pero sorprendió a propios y extraños con un auténtico huracán de fútbol. Se mentalizaron de que Tito y Roura ya habían sufrido bastante castigo en forma de críticas, de que caer en octavos podía suponer un punto de inflexión negativo para lo que restara de temporada, y su respuesta fue encomiable, digna de recordar cuando el equipo no se encuentre a si mismo y esté necesitado de una buena dosis de nostalgia. ‘Cuando flaquees, recuerda Wembley’ decía un buen amigo mío.

Los culés han sabido sufrir y Messi salió reforzado como líder futbolístico de un equipo que ha bailado sobre la cuerda floja durante los últimos quince días, pero que a la hora de dar el salto mortal con tirabuzón no tuvo el menor resquicio de duda, que es un mal lugar para permanecer instalado demasiado tiempo. Xavi, cuestionado hasta la saciedad por su discreta temporada y por sus problemas físicos, supo siempre cual era la ruta a seguir para el barco de los de Roura, así que tomó el timón y, con Iniesta por brújula, pasó al Milan por la quilla. Saber imponerse a tan tremenda adversidad, sin duda, será una tremenda inyección de moral de aquí a final de temporada, donde aguardan nuevos retos.

Una mágica noche europea que debe servir para cerciorarnos de que el Barça, que no callaba (Valdés y los árbitros, Roura y los árbitros, etc…) pero que parecía ausente, no era más que el esclavo de su propia autocomplacencia, algo que Pep, hoy seguramente orgulloso, les instó a evitar a toda costa. Porque el Fútbol Club Barcelona parece que ha vuelto tras una broma de mal gusto, aunque, pensándolo mejor, prefiero creer que nunca, nunca se habían marchado.

A solas con un ritmo

Publicado: 11/03/2013 en Opinion y reflexión
Etiquetas:, ,

El Barça se enfrentará mañana, en solitario como el músico ante un folio, al ritmo que demarcará el devenir de la temporada. Ya pesan sobre sus espaldas tres derrotas consecutivas, una de ellas contra un Milan enchufado y con criterio, y otra de ellas le ha costado quedarse fuera de la final de Copa en favor del eterno rival. No pueden seguir así, no está permitido, y no por el lamentable juego desarrollado de unos meses hacia acá, sino por la actitud, esa con la que el Real Madrid puede ganar un partido por muy cuesta arriba que lo tenga y sin necesitar a ningún Çakir.

Es probable que los rossoneri salgan muy reculados, por mucho que desde Italia se hable de un 4-3-3 con un tridente formado por Niang, El Shaarawy y Boateng, ya que a los conjuntos italianos les cuesta Dios y ayuda renunciar a su naturalidad, a su ADN. Para ésto el Barça, que duda más de lo que juega, deberá saber usar bien sus cartas, y desde mi punto de vista creo que tipos como Cesc o incluso Pedro son los menos valiosos de la baraja. Cómo comodín se erige Alexis, que tras un brillante partido ante el Depor (que es colista, pero el partido también era trampa), gana credenciales para un puesto fijo la noche del martes. Quizá como 9 para dar libertad por bandas a unos extremos obligados a ensanchar el campo al máximo ante el previsible autobús de los de Allegri.

Los culés deberan dar la mayor velocidad posible de balón en el medio campo y, por supuesto, jugársela a tirar de lejos, algo que a principio de temporada parecían haber incluido en el catálogo pero que ha terminado en poco menos que un mero espejismo. Messi debe buscar la internada en huecos claros para sacar faltas en caso de que con el balón en movimiento no sea suficiente. Si tienen un poco de suerte y la defensa, probablemente la de “gala”, está tan activa y centrada como el sábado, puede haber opciones, todavía lejanas de remontada. Todo será cuestión de que el Barça domine el ritmo, y no de lo contrario.


foton

El Real Madrid pasó a cuartos en la Champions League en un partido que el Manchester United tenía controlado de cabo a rabo pero que el árbitro, sorprendiendo incluso a su asistente, decidió descompensar. No es que el árbitro sea madridista, ni me importa, hablo solo del doble rasero aplicado a tipos como Arbeloa, que siempre está en el ajo. No en vano, protagonizó en el primer tiempo una escalofriante entrada a Evra. Amarilla, y a correr. Pero no seamos ventajistas, porque el Real Madrid subo tener el empaque suficiente para derribar la muralla defensiva planteada por el United aun con Nani ya en la ducha. Pocos podrían hacerlo, así que hablemos de fútbol.

Por la parte que toca al United, absolutamente brillante en muchos tramos del partido, con Giggs, el halcón milenario trabajador y peleon, Welbeck como perro de presa para secar a Xabi, obligando a Özil a ejercer más funciones creativas, donde perdía mucho protagonismo. Fue ya con la expulsión del luso cuando Özil tuvo más libertad y Modric se acopló al lado de Xabi. El germano, incluso antes de ser sustituido por Pepe (cambio conservador de Mou donde las haya) tuvo tiempo de regalar un brillantísimo pase a Higuain que pudo ponersela a Cristiano sin que De Gea tuviese ocasión de hacer algo. Fue la única aparición del de Madeira, que estuvo mucho más apagado de lo que ha acostumbrado este último mes.

Mención especial para Diego López, confirmando que podría ser titular sin ningún tipo de problemas en este Real Madrid. Atajó todo lo que le vino y, salvo en el auto-gol de Ramos, aguantó el temporal final de los red devils. Igual o más mérito tuvo Varane, que lo hizo todo bien y, salvo el error del gol, se doctoró, ya sin ningún tipo de dudas, como un hombre fijo en las alineaciones de Mou, lo cual no deja de ser una buena noticia para el fútbol en detrimento de Pepe.

Ya en los útlimos 20 minutos Ferguson decidió que era hora de dar el todo por el todo, introduciendo a Rooney, Valencia y Young, quienes percutieron constantemente sobre el marco de un Diego López, como digo, soberbio. Para un servidor, la gran decepción de los 180 minutos de eliminatoria se llama Robin Van Persie, del que no se puede rescatar ni una jugada de peligro real de ninguno de los dos encuentros. No deja de ser irónico que abandonase Londres para ganar títulos y, a las primeras de cambio, se vuelva para casa. Precisamente anoche dejó de caberme duda alguna sobre que el Real Madrid ganará, este año si, la Décima. Veremos qué piedras le depara el camino.