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Parece ya lejano en la memoria aquel primer gol de un jovencísimo Leo Messi ante el Albacete a pase de Ronaldinho. Pocos, por no decir nadie, podrían imaginar que aquello era una metáfora de la transición del reino del brasileño al imperio casi tiránico del pequeño argentino. De aquello hace más de 8 años, y 5 han pasado desde aquel día en el que el genio rosarino emuló a Maradona por primera vez.

Esta noche Leo Messi se ha erigido, de manera incontestable, como auténtico señor del fútbol. Se ha alzado con su cuarto balón de oro consecutivo, dejando atrás a Van Basten, Platini y Cruyff, con tres galardones cada uno de estos gigantescos futbolistas. Cuatro balones de oro consecutivos, qué rápido se dice. Para llegar hasta aquí ha tenido que vivir un periplo que a veces, por las malditas lesiones, vio como se estancaba. Pero siempre salió adelante porque su amor por la pelota es tan superlativo como su talento para jugar a este maravilloso deporte.

Este cuarto balón de oro es un reconocimiento al año estratosférico en cuanto a juego y números del de Rosario. No ha importado que se perdiera la Liga. No ha importado que fallara aquel fatídico penalty ante el Chelsea. No ha importado perder la Supercopa ante el Real Madrid. No ha importado, ni tan siquiera, la temporada estelar de Andrés Iniesta o el también tremendo chorro de goles de Cristiano Ronaldo. Messi es más que goles y asistencias. Su evolución en el juego ha trascendido hasta el punto de, en un mismo partido, ejercer de mediapunta, extremo, segundo punta, falso 9, mediocentro e interior. Esa es la principal diferencia. Cuando Messi arranca, el campo se silencia y espera una nueva jugada para la hemeroteca, bien en forma de cabalgada, slalom o pase por donde no hay hueco.

Es todo un ciclo, la pescadilla que se muerde la cola: la sensación de estupefacción que el pibe transmite solo tocar el balón es lo que le diferencia porque, cuando los focos no le apuntaban, él se labraba esa reputación que el mundo fútbol hoy reconoce. Quiero dar un gran aplauso a CR7 y a Iniesta porque, en cualquier momento de la historia, habrían ganado el ansiado Balón, pero han tenido la ‘mala’ suerte profesional de coincidir con este monstruo. Solo nos queda disfrutarle, porque el día que Messi deje este deporte, y será cuando él quiera, temblaran los propios cimientos del fútbol. Se habrá marchado la mayor leyenda de este deporte. Pero eso queda lejano, hasta entonces, Messi seguirá gambeteando, goleando, asistiendo y encogiendo el corazón de todos los aficionados, sea cual sea su camiseta. Aguante, Messi.

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Lionel Messi, ese al que califican de mejor de la historia, es solo un bulo, un pufo, la mayor mentira del fútbol. Desde aquí voy a demostrar, con hechos irrefutables, por qué el argentino es solo uno más en el vasto océano futbolístico.

Lionel Messi, en su infancia, no fue aceptado en el club más prestigioso de su pais, River Plate, a causa de su enfermedad, la cual River se negó a financiar, por lo que no tuvo más remedio que irse a Barcelona, donde conoció a sus ahora súbditos Iniesta, Fàbregas o Piqué, entre otros tantos. Creció en La Masía y se desarrolló hasta que debutó en un Trofeo Joan Gamper contra la Juventus de Capello, quien aseguró haber visto a alguien fantástico. Qué vacías palabras para alguien que entraba por el portentoso Deco, motor del delicioso Barça de Rijkaard. A partir de ahí todo el mundo recuerda que era un mero revulsivo para cuando Giuly estuviera hastiado. De hecho, Del Horno lo vio tan irrelevante que decidió acabar con su pobre carrera con una entrada propia de hombres, no de niños como Messi. Posteriormente, en el año 2007, dejó un mero hat-trick contra el Real Madrid y, en un partido contra el Getafe, realizó una jugada totalmente sobrevalorada y elevada a la categoría de Maradona. Como si el Getafe fuese la Inglaterra del 86…

Tras un 2008 discreto, en el que su equipo no ganó nada por el evidente declive de Ronaldinho, llegó el año del triplete culé en el que Messi apenas influyó. De hecho, aquel año el pichichi de los blaugranas fue Eto’o, y el de la Liga, Forlán, dos jugadores cuyos nombres, hoy en día, están en la boca de todos. Marcó dos goles al Real Madrid de nuevo en el Bernabéu, y posteriormente marcó un gol en una final de Champions en la que Cristiano Ronaldo fue mucho más determinante en el bando de los red devils que Messi en el culé. Solo por eso y su gol con el pecho en la final del Mundial de Clubes le regalaron el primer balón de oro.

Si lo de 2009 fue escandaloso, lo de 2010 es para echarse a temblar. Solo ganó una Liga e igualó los 47 goles de Ronaldo en una temporada. Muchos hablan de aquel poker inédito frente al Arsenal, un equipo de medio pelo en cuartos de Champions, pero a la hora de la verdad contra el Inter de Mou, Leo se escondió y fue Ibra quien tiró de las riendas blaugranas en aquella eliminatoria. Para más inri, ganó su segundo balón de oro cuando Xavi o Iniesta si que lo merecían. Pues nada, segundo regalo.

En el 2011 si que parece que el chico mejoró algo, llegando a ganar 5 de los 6 títulos en liza, pero todo el mundo se olvida de aquel gol de CR7 en la final de Copa y habla de la cabalgada maradoniana del argentino en el Bernabeu. Como si el Real Madrid fuera, adivinen, la Inglaterra del 86. Además, Cristiano fue el pichichi aquel año con 41 goles, algo nunca visto. Muchos direis que fueron de penalty, pero hay que meterlos, y valen más cuando los marca el de Madeira que cuando los transforma esta mentira de metro setenta. Si nos paramos en su desastrosa Copa América, lo de su tercer balón de oro consecutivo no se puede entender.

Y en este 2012, cuarto y mitad de lo de 2010. Una cochina Copa del Rey, un penalty marrado en semis de Champions, un pichichi ganado por penas máximas, una Supercopa de España perdida por su culpa cuando falló el 4-1 casi definitivo. Mucho se ha hablado del record de Müller, hasta hoy, pero pobre Messi, le ha durado un triste día porque el record real lo tiene Godfrey Chitalu, de la potentísima Liga de Zambia, con 107 goles y una repercusión global enormemente superior a la tuya. Si a la Pulga le regalan el cuarto balón de oro, se denunciará a la UEFA porque a los defensores de la verdad no nos gustan que nos engañen como llevas tú cinco años engañando al planeta fútbol.

La historia se acordará para siempre de Godfrey Chitalu, no de ti.


Ya sabemos el podio para el dichoso galardón, que han sido los esperados: Messi, CR7 e Iniesta. No me voy a extender demasiado, pero analizaremos las principales bazas de cada uno para lograrlo:

Leo Messi: el mejor jugador de la historia cuenta con el aval de sus, por ahora, 82 goles. Máximo goleador por cuarta vez consecutiva de la Champions League ( con un repoker, algo inédito ), campeón de Copa del Rey y, si apretamos, del Mundialito. El genio rosarino ha decidido batir absolutamente todos los records del mundo fútbol, siendo el de Gerd Müller el que todo aficionado culé desea. Aparte de todos los goles, ha dejado recursos técnicos y asistencias para la posteridad. El problema con Leo es que él ya no aspira al Balón de Oro, sino que el premio aspira al argentino. Y así será hasta que se retire.

Cristiano Ronaldo: Presenta como aval principal una Liga que ganó, ni mas ni menos, que en Camp Nou; y una Supercopa en la que también fue determinante. No creo que sus números sean un aval por el simple motivo matemático de que los de Messi son mejores, creo que no hay discusión. Igual que Messi, erró un penalty decisivo en semis de Champions, pero lo que, a mi parecer, ensombrece su candidatura fue el momento en el que, consumido por su hambre de gloria y deseo de ser el foco del universo, se reservó en la tanda de penaltys contra España, no llegando a tirar nunca. Una “inyustisia” en toda regla. Aun con esto, sería absurdo negar el esfuerzo del astro de Madeira para llegar hasta aquí.

Andrés Iniesta: el manchego universal, el español más querido del mundo, se planta por cuarta vez consecutiva en el podio para ser nombrado mejor jugador del mundo. Los paladares futbolísticos más selectos abogan por el de Fuentealbilla como un pequeño oasis en la tiranía que ejerce Messi en este premio, siendo el motivo principal que Andresito no es un goleador, pero ve el fútbol mejor que nadie. Es la pausa en la tempestad y la electricidad en la brisa. Y en cuanto a títulos, su principal acreedor es el torneo veraniego de la Eurocopa con la Roja, siendo el mejor jugador del torneo. Sería un crimen que Iniesta, en algún momento de su vida, no ganase este premio, pero el fútbol no entiende de lo que es justo y lo que no.

Es una delicia tener a estos tres jugadores en nuestra Liga, y respecto al ganador, no se ustedes, pero mi corazón grita por Iniesta mientras que una dulce voz susurra en mi cabeza: “Leo Messi… Leo Messi… “


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Cuando parece que se juega elevado un palmo de terreno, casi desafiando a las leyes de la gravedad, y con una parsimonia más propia del que se levanta de la siesta que del que se juega un sueldo, solo te puedes llamar Andrés Iniesta.

Este chico, que maravillaba a mi padre cuando vivía, y a quien su tocayo Montes apodó ” Sweet Iniesta “, es el paradigma de la elegancia y el máximo exponente de la visión táctica. Capaz de jugar como interior, segundo punta, mediocentro e incluso como extremo, el bueno de Andrés nos deja en cada partido controles imposibles, pases de gol inverosímiles, combinaciones de fantasía y, encima, nos regala a todos alguna croqueta. Infravalorado en sus primeros años y discutida su compatibilidad con Xavi, el de Fuentealbilla, pueblo hoy universal, ha ido evolucionando año tras año y hasta convertirse en un imprescindible tanto en el Barça como en la Roja. Cuando Andrés Iniesta no se convierte en una máquina de pases, regates, frivolités y llegadas desde segunda linea, cualquiera de los dos equipos en cuestión ve como sus opciones de victoria se reducen en torno a un 25-30 por ciento.

Andrés Iniesta ha sido el protagonista de noches absolutamente apoteósicas, firmando el Iniestazo de Stanford Bridge, para mí el principal desencadenante del ciclo triunfal culé; y haciendo eterno su gol en Johannesburgo para coser una estrella sobre el escudo español y provocar las lágrimas y el delirio de casi cincuenta millones de españoles. No se quedó ahí el manchego y quiso que se recordara con más fuerza su nombre al recoger el testigo de Xavi Hernández como mejor jugador de Europa gracias a la brillante Eurocopa que firmó, dejándonos fotos de jugadas que sonrojaban al propio Óliver Atom. Es lo que tiene cuando tus apodos a la hora de jugar son ” El Mago ” o ” El Ilusionista “.

Adereza todo ello con el grado superlativo de humildad, compromiso, buen hacer y profesionalidad, sin dirigir una mala palabra a nadie, aunque le acribillen a patadas y golpes durante un encuentro. El español más querido del mundo, probablemente, vaya a ser finalista del Balón de Oro, tras haber obtenido ese trofeo mencionado que le acredita como mejor de Europa. E igual no lo gana, porque Leo Messi es… bueno, es Leo Messi, pero para todos nosotros es el campeón moral desde el 11 de julio de 2010. Y eso, Andrés, manchego universal, surcador de campos, ilusionista por encargo e ” Iniesta de mi vida ” para todos, eso no lo paga un Balón de Oro.

No te retires nunca, Andrés.