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Clasificación para cuartos al margen, el partido de anoche arrojó una conclusión definitiva en cuanto a este equipo: sobra talento, falta actitud. A pesar de que Xavi o el Tata nieguen la mayor y el icono barcelonista prefiera culpar al césped antes que admitir que el equipo prefería haberse quedado en casa antes que sestear entre la maldición de Anoeta y la desidia de Pucela. Aun con el resultado global positivo de 4-1 en los 180 minutos de eliminatoria, se pueden extraer una serie de interpretaciones de cara a lo que ha sido y, parece, va a ser el equipo lo que resta de temporada:

En la zaga el equipo es una banda y siempre existe el riesgo de que puedan encajar un gol que, normalmente, termina llegando, ya sea por balones que quedan muertos dentro del área y que nadie va a despejar; o por esa religión azulgrana que dicta que los corners son un penalty a favor para el contrario. Piqué pasa de partidos excepcionales, como ante el Atlético en Liga o el propio City, a ser un central de medio pelo contra equipos de media tabla, y del mismo modo con Mascherano. La situación de Bartra es inadmisible, quedándose en la grada en encuentros propicios para ganar rodaje. Alba suele cumplir a pesar de que su espalda es un auténtico agujero, del mismo modo que Alves.

El juego posicional prácticamente ha desaparecido y ahora son los jugadores quienes corren tras el balón en vez de que el balón corra entre ellos. Se esperan pases al pie, hay muy pocos desmarques y no siempre encuentran una conexión en el pase largo. La fluidez del medio campo se ve mermada a poco que el rival tenga ganas de incomodar a Busquets o a Iniesta, obligando a Messi a bajar para ayudar y logrando con esto que la producción ofensiva de los culés se vea muy reducida, por mucho que esté Neymar (muy apagado en este 2014) y la temporada de Alexis, en comparación a las dos anteriores, sea de sobresaliente. Song demuestra no encajar en la mayor expresión de juego barcelonista de transiciones rápidas y juego sin balón, pues siempre da uno o dos toques de más que retrasan la creación de juego. Hay pocas ayudas para mejorar la salida limpia de balón y el pelotazo, otrora recurso de emergencia, se ha convertido en la primera opción en saques de portería y ante presiones altas.

Finalmente el ataque, que aunque nos ofrece a varios jugadores y una cantidad ingente de goles, no funciona con automatismos, sino con arreones de individualidad y algún que otro pase entre líneas. Si Messi encara suele hacerlo solo, de manera que no puede descargar a ninguna banda para distribuir mejor el peligro, y las carreras por banda suelen acabar en un centro a ninguna parte o, en el mejor de los casos, un balón que debe rematar un tipo de 1’69. Esta temporada parece haberse hecho especial hincapié en esta jugada, pero creo que es mera lógica que las opciones de gol se ven drásticamente reducidas con este recurso, puesto que carecemos de un 9 de verdad o, al menos, de algún tipo alto que juegue cerca del área. Además existen muchos problemas a la hora de correr hacia atrás para defender contras o pérdidas en tres cuartos, quizá esto más producto del físico que de la motivación, de modo que parece no entenderse el sistema de rotaciones establecido por el técnico de Rosario.

Bernabeu, próxima plaza grande. Será la mejor vara de medir, con el permiso del Bayern, para dilucidar si en la travesía por el desierto en la que ha devenido esta temporada nos hemos topado con un oasis o con un espejismo. La actitud lo dirá.


35 minutos. 35 minutos duró la gaseosa de un Real Madrid que, anoche si, abrazó a la épica como no había hecho desde hace lustros. Mourinho, cobarde como de costumbre en rueda de prensa, se permitió algo que pocas veces le agrada y que, personalmente, aplaudo: una defensa de tres e infestar el campo de mediocampistas ofensivos y puntas. Cristiano Ronaldo, anoche mucho más corazón que fútbol, no pudo reprimir las lágrimas del que ha rozado la gloria con la yema de los dedos, pero el máximo goleador de la presente Champions es más que eso y el año que viene volverá a liderar al equipo sobre el campo.

A diferencia de Cristiano, Mourinho, que se considera el peor perdedor del mundo pero que en el Real Madrid ni siente ni padece, no solo siguió con su tradición de no hablar de fútbol, sino que lanzó un mensaje que sacudió al moudridismo dejando caer que el año que viene no seguirá en Concha Espina. Se le trajo como un entrenador ganador y solo ha conseguido arrebatar una Liga, una Copa y una Supercopa al Barça, un bagaje muy pobre para alguien que aseguraba una buena catarata de títulos importantes, pero creo que el club saldrá beneficiado si se va un tipo que ha causado tres incendios mientras apagaba uno.

Respecto al equipo, cayó con todo el honor que es llevar esa camiseta, haciendo temblar a sus propios fantasmas alemanes y a los que tenía enfrente -señor equipo, meritazo de Klopp-. Fue mágico sentir la vibración de todo el Bernabeu llevando en volandas a su equipo, aunque solo fuera entre victorias parciales hasta una derrota final. Fue de esas noches que no se pueden crear desde medios propagandísticos, sino que las genera el mismo público, anoche entregados a la fe de saber que a tus espaldas hay muchísima historia y que eran los alemanes los que debían ganarse el paso a la final, no ellos.

Y qué decir del Borussia, un conjunto forjado a golpe de cantera y con un técnico que vive el fútbol como el juego que es, siempre con una sonrisa. Más tipos como Klopp hacen falta en este mundillo de farándula, postureo y dobles caras. El conjunto alemán llega a la final del torneo gracias a la fuerza de Hummels, la ebullición de Lewandowski, el talento de Reus, la magia de Götze o el sorprendente Gundogan. Siempre con menos balón pero más criterio que los blancos, supieron torear en una de las mejores plazas y, cuando las fuerzas fallaban, primaba la solidaridad y el sueño de Wembley en el horizonte, y es que nadie dirá que el Borussia, a pesar del incuestionable coraje blanco, merecen un puesto en la final.

Desde la óptica de un servidor, creo que el conjunto de Chamartín no necesita una revolución sino que, como el Barça y Messi, debe crear a un equipo que juegue para CR7 y fichar a un entrenador que sea devorado por la ilusión de semejante banquillo y no por su propio ego. Está llamado prescindir del tipo de los plebiscitos, dedazos en el ojo, conspiraciones y falta de autocrítica. Quizá, aunque el recuento de títulos de esta temporada diga lo contrario, hoy empiece a ganar el Real Madrid.


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El Barça arrasado, reducido a cenizas, desnudadas sus carencias y sangrando en su esquina del cuadrilátero mientras que el Bayern, todo garra y potencia, le seguía dando directos en la cara aun cuando los culés pedían un tiempo muerto, un respiro, una tabla a la que agarrarse por el tremendo ciclón que les asolaba. Sin discusión, no hubo rival para el Bayern, que repitió ese resultado que tantos fantasmas despierta entre los culés. 

Un Bayern que, para más inri, llegaban con las bajas de Badstuber, Mandzukic y Kroos, baluartes del aplastante juego teutón, pero no era problema para Heynckes porque anoche demostró que, desde el respeto, sabía lo que se decía cuando afirmaba conocer al Barcelona como a su propio equipo. Y lo demostró donde se hace el fútbol: en pleno césped, once contra once. Y la diferencia fue palpable desde el primer minuto, porque el Bayern siempre dominó el partido en las tres versiones de su juego entendidas como el contraataque coordinado, el dominio del campo y la presión agobiante sobre todo lo que vistiese azulgrana. Javi Martínez y Schweinsteiger en plan imperial para evitar la circulación de los culés, Robben retratando a Alba y Müller como ejemplo de sacrificio. No se anduvieron con medias tintas, el camino a Wembley desde Baviera pasaba por dar un golpe sobre la mesa ante uno de los mejores equipos del mundo y, sin titubear, así lo hicieron.

El Barça fue el reflejo de la impotencia, de sentirse como se habían sentido sus rivales durante un lustro, de ver como cada metro del campo tenía bandera germana. Messi… un momento, ¿Messi estuvo? Pues si, aunque les sorprenda. Cero tiros a puerta del argentino, o mejor dicho, dos tiros a puerta de Bartra son el mejor resumen posible de lo que ha sido el partido del Barcelona en ataque, y es que el sistema, que no me refiero al juego de toque, está obsoleto. Anoche se fusiló al falso 9, que brillantemente funcionó en su día, pero ya no, nunca más. Un auténtico fiasco que, bajo ningún concepto, puso en aprietos a los Lahm y compañía, pero lo realmente preocupante del asunto es mirar al banquillo y ver que lo más potable ofensivamente, si no lo único, es Villa, ya que Tello, de forma incomprensible, ¿disfrutaba? del partido desde la grada. La diferencia de este Barça respecto a las versiones contra Inter y Chelsea es que hubo temple, seriedad y fe en lo que se hacía, pero lo de anoche solo fue un cóctel de desesperación, malas maneras, quejas y anarquía por sistema. Noche para olvidar.

Por mi parte, felicito al Bayern, de corazón, porque ha vencido al Barça sin un ‘pero’ que objetarles a pesar de los goles en fuera de juego. Porque es cierto, los hubo, pero cuando un equipo es tan superior a otro, el digamos “pequeño” sabe que si los goles no le caen por un lado le caerán por otro. Invito a reflexionar al seno blaugrana y hacer una mejor planificación para la temporada que viene, especialmente en el plano físico.

A solas con un ritmo

Publicado: 11/03/2013 en Opinion y reflexión
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El Barça se enfrentará mañana, en solitario como el músico ante un folio, al ritmo que demarcará el devenir de la temporada. Ya pesan sobre sus espaldas tres derrotas consecutivas, una de ellas contra un Milan enchufado y con criterio, y otra de ellas le ha costado quedarse fuera de la final de Copa en favor del eterno rival. No pueden seguir así, no está permitido, y no por el lamentable juego desarrollado de unos meses hacia acá, sino por la actitud, esa con la que el Real Madrid puede ganar un partido por muy cuesta arriba que lo tenga y sin necesitar a ningún Çakir.

Es probable que los rossoneri salgan muy reculados, por mucho que desde Italia se hable de un 4-3-3 con un tridente formado por Niang, El Shaarawy y Boateng, ya que a los conjuntos italianos les cuesta Dios y ayuda renunciar a su naturalidad, a su ADN. Para ésto el Barça, que duda más de lo que juega, deberá saber usar bien sus cartas, y desde mi punto de vista creo que tipos como Cesc o incluso Pedro son los menos valiosos de la baraja. Cómo comodín se erige Alexis, que tras un brillante partido ante el Depor (que es colista, pero el partido también era trampa), gana credenciales para un puesto fijo la noche del martes. Quizá como 9 para dar libertad por bandas a unos extremos obligados a ensanchar el campo al máximo ante el previsible autobús de los de Allegri.

Los culés deberan dar la mayor velocidad posible de balón en el medio campo y, por supuesto, jugársela a tirar de lejos, algo que a principio de temporada parecían haber incluido en el catálogo pero que ha terminado en poco menos que un mero espejismo. Messi debe buscar la internada en huecos claros para sacar faltas en caso de que con el balón en movimiento no sea suficiente. Si tienen un poco de suerte y la defensa, probablemente la de “gala”, está tan activa y centrada como el sábado, puede haber opciones, todavía lejanas de remontada. Todo será cuestión de que el Barça domine el ritmo, y no de lo contrario.


Con su clasificación para las semifinales de Copa, el Barça se mete de lleno y antes que de costumbre en la etapa reina de la temporada, comenzando este miércoles con la ida copera frente al Real Madrid. Por si esto fuera poco, quedaría una vuelta en la que el esfuerzo a realizar, evidentemente, irá en base al resultado obtenido. Junto a esto, los octavos de Champions contra el Milan, gigante europeo venido a menos pero cuyo nombre infunde, como poco, respeto, ya que si por algo se caracterizan los equipos italianos, y en especial el rossonero, es por no necesitar demasiado para pintarte la cara. Todo esto se adereza con el campeonato doméstico, donde los culés deberán administrar sus fuerzas sabiamente a la vez que siguen liderando la liga.

Tito debe saber cómo dar minutos a los poco habituales, como Adriano, Montoya, Tello o Villa porque así, en un momento de urgente necesidad, no habrán perdido el ritmo competitivo. A la vez, sería conveniente que jugadores con una alta carga de partidos y a los que se les nota algo espesos, como los casos de Cesc, Pedro o Xavi, economicen energías.

Será un mes en el que, si no se reducen o incluso se amplían distancias respecto a Atleti y Real Madrid, el conjunto blaugrana podrá dar un puñetazo sobre la mesa y acallar a los pesimistas. La clave, como digo, es rentabilizar el esfuerzo de tal modo que no se le pierda la cara a los partidos de la misma forma que en Anoeta. El Barça tiene permitido caer porque el rival sea mejor, no por falta de actitud.

Este año los blaugranas parecen tener la suerte que el año pasado no les asistió pero, sin duda, lo más vistoso del equipo es que, por un lado, se adaptan perfectamente al rival. Xavi pausa, Alba revoluciona, Leo vacuna e Iniesta baila. Por otro lado, nunca cejan en su intento de reducir a cenizas a quien se le ponga por delante. Si siguen así, este Barça aspira a todo.


Me llamó bastante la atención que, según transcurría el Real Madrid-Ajax de la semana pasada, se diese un hecho, cuanto menos, chocante. Kaká salió como capitán durante más de una hora hasta que fue sustituido por José Rodríguez y el brazalete de la capitanía fue entregado a Adán, el portero suplente, lo que provocó un gran enfado en Mourinho, obligando al chaval a que se lo entregara a Pepe.

Es cierto que el Real Madrid es una institución en el que el principal criterio a la hora de otorgar la capitanía es el grado de veteranía, y nadie puede negar que, a pesar de que el joven guardameta ha estado en el filial, es el central luso el que lleva 5 años en el primer equipo desde que fuese fichado por el Oporto, pero esto hizo que se despertara una incertidumbre en mí y en buena parte del madridismo: ¿ Es esto a lo que hemos llegado ? ¿ Hay conformidad y unanimidad sobre ello ?

Yo no soy del Real Madrid, no quiero engañar a nadie, pero creo que desde que Raúl se marchó, el club se ha transformado en una mera empresa que no cree en lo que su propio himno dice. Con el señor González Blanco se fue el último ejemplo del que, cuando pierde, da la mano, lo que se ha sustituido por agresiones al rival, palos a la prensa, comparecencias llenas de excusas y un sinfín de declaraciones que acusan a un poder mayor al que el club blanco no se puede sobreponer con fútbol. Fútbol que, dicho sea de paso, deja mucho que desear a pesar de contar con tres peloteros de enjundia como Modric, Benzemá y Özil, pero no es realmente el eje de éste tema.

Creo que no miento ni exagero si digo que, en el bando culé, nadie daría la capitanía a Alves porque no representa de ninguna de las maneras lo que significa la institución blaugrana, pero creo que dárselo a Pepe sobrepasa el esperpento, especialmente por arrancar de cuajo la ilusión de un chaval como Antonio Adán, titular en un partido de Champions en el que, de acuerdo, no se jugaba nada, pero titular al fin y al cabo.

Es cierto que Pepe no es ni el candidato número uno al Premio Nobel de la Paz ni tampoco Hannibal Lecter, es simplemente un gran central que juega muy al límite del reglamento y que tiene varias acciones reprobables dentro del terreno de juego, acciones que al haber sido tan reiteradas han generado en el propio madridismo una animadversión hacia el luso y lo que su figura abarca. Es por esto que entiendo la hinchada blanca se moleste porque, aunque fuera por una sola vez, no se hubiera cumplido el protocolo y Mou hubiera premiado el esfuerzo del chico con una capitanía de veinte minutos en su debut europeo. Va a resultar que era mucho pedir.


En el largo camino que es una Champions, desde la fase de grupos hasta la gran final, hay una serie de obstáculos donde el mejor no siempre los supera y es de sobra sabido que las eliminatorias a doble partido se encuentran muy influidas por un alto nivel de concentración y la menor cantidad de concesiones posibles. El más pequeño te puede dejar fuera si no tienes la cabeza enfocada en el partido. A continuación vamos a analizar algunos de los posibles rivales del Barça en octavos:

Milan: a pesar de que es un Milan venido a menos, este año lleva un balance bastante negativo en casa, con dos puntos de nueve posibles en la fase de grupos y con un juego que deja bastante que desear. Con El Sharaawy como principal ariete pero con bajas flagrante tales como Thiago Silva, Seedorf e Ibrahimovic, el equipo rossonero intentará repetir algún resultado de prestigio como el 1-0 cosechado contra la Juventus. Esté como esté, siempre es un tapado en la máxima competición continental.

 

Arsenal: todo un clásico de Europa, con un nuevo proyecto comandado por Santi Cazorla, lleva una temporada bastante mala, en la que ha olvidado aquel viejo tópico de que juega bien y no gana para no jugar a nada y seguir sin ganar. Segundo en un grupo bastante asequible, con un Podolski muy irregular y un Giroud al que aun le queda muy grande la Premier League, el conjunto de Arsène Wenger podría verse las caras de nuevo con el conjunto blaugrana, al que suele ponérselo bastante complicado en el Emirates, claro que también contaban con Van Persie y Fàbregas para mover a todo el equipo. Duelo bastante vistoso para mi gusto.

 

Shaktar: sangre caliente de Brasil en el frío ucraniano. El conjunto de Donetsk, muy ferreo en defensa pero con serias lagunas en un ataque principalmente encarrilado por Willian, pasa a octavos como un tapado, quizá no para una final, pero si parece dispuesto y capaz de dar alguna que otra sorpresa. Ir a Ucrania, sea cuando sea, significa luchar no solo contra 11 jugadores y todo el Dombass Arena, sino con el general Invierno. Creo que llegará a cuartos con relativa facilidad excepto si juega contra Bayern, Borussia o Barça.

 

A nivel personal me gustaría que tocara el Arsenal, y respecto a los otros dos contrincantes, Porto y Galatasaray, con todos los respetos, no creo que tengan un nivel lo suficientemente alto para intentar dañar a un Barça que juega de manera, hasta cierto punto, novedosa. Pero, como ya he dicho, hasta el más pequeño puede dar la campanada… ¿ A quién preferís vosotros ?