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Con la resaca del escalofriante 5-1 en Anfield se han debido de levantar estos dos días los aficionados gunners, que ven como en los partidos grandes (6-3 en el Etihad, 0-0 en casa contra el nuevo Chelsea de Mourinho; y 1-0 en el campo del peor United en décadas) se pone de manifiesto la urgente necesidad de reforzar seriamente la plantilla, porque el efecto Özil se ha ido desvaneciendo paulatinamente desde que aterrizara en la capital británica, y visto que no se ha fichado al joven Draxler y si a un Källstrom veterano y lesionado, la gestión de incorporaciones y bajas se está viendo muy cuestionada por el hincha.

Desgranamos por líneas el 11 tipo de Arsène Wenger en esta temporada y de cara a lo que le resta. Szczesny no es de los mejores metas del mundo, pero se limita a cumplir, y en los últimos años ha salvado al Arsenal de alguna que otra derrota importante. Fijo para el técnico francés. En la zaga la pareja Koscielny-Mertesacker se ha consolidado de forma muy eficiente, llegando a lograr un notabilísimo bagaje defensivo en el Emirates en comparación a otras ediciones de la Premier (solo 6 goles encajados en Premier esta temporada por 23 la temporada pasada o 17 en la temporada 2011-2012). En los laterales Sagna es un fijo por su experiencia y su versatilidad a la hora de colocarse como central, salvando las distancias; y la rotación Gibbs-Monreal debido a las lesiones frecuentes del inglés. Un doble mediocentro formado por Arteta y Wilshere que aporta fluidez al juego de toque gunner pero que resta balance defensivo, banda derecha para Oxlade en detrimento de Walcott, lesionado de larga duración, y banda izquierda para Santi Cazorla, logrando combinar calidad y velocidad en las alas del juego; Özil como enganche y engranaje fundamental del juego en tres cuartos; y Giroud como 9 puro.

Visto el 11 tipo destacaremos la irregularidad de Özil, más patente ahora que en su etapa madridista por la ausencia de calidades superlativas como Cristiano Ronaldo, Modric o Benzemá que tapen sus errores; y la indolencia en el puesto del 9, cosa que viene de lejos en el conjunto del técnico alsaciano desde la marcha de Henry y salvando el caso de Van Persie (a saber, tipos como Bendtner, Eduardo, Carlos Vela, Chamakh, Gervinho han intentado, obviamente sin éxito alguno, paliar la marcha de la leyenda francesa). Es, por tanto, necesario que de cara a la temporada que viene se realice un golpe al mercado lo suficientemente serio como para que el Arsenal infunda un mayor temor en punta de ataque. Giroud vino por una gran temporada en Francia, donde el Montpellier se hizo con el título liguero gracias a su eficacia goleadora, pero Inglaterra es otra cosa. De igual modo, las continuas y prolongadas bajas de Aaron Ramsey, que se destapó como goleador en el primer tercio de temporada, no ayudan a un equipo cuyo fondo de armario es paupérrimo, con suplentes del nivel de Fabianski, Miyaichi, Vermaelen, Sanogo o Jenkinson. En otras palabras, un equipo que basa su juego en la calidad resulta no poseerla salvo en casos aislados.

En definitiva, creo que en el campeonato doméstico así como en las competiciones coperas tiene, si no expectativas de título, opciones mucho más sólidas de acabar la temporada con el puesto Champions asegurado que en ediciones anteriores, quizá la última la más dramática por quitarle el puesto a sus vecinos del Tottenham a falta de una jornada para concluir la Premier. Europa le ha deparado el peor emparejamiento posible, el omnipotente Bayern de Guardiola, y expuestos al comienzo del artículo los resultados negativos contra conjuntos muy potentes, no se atisban indicios de que la eliminatoria contra el conjunto muniqués vaya a ser muy distinta.

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Mucho se está hablando en las últimas semanas del futuro de Theo Walcott que, con 23 años, es probablemente uno de esos jugadores en los que uno piensa al instante cuando habla del Arsenal.

A este extremo diestro, con una buena capacidad asociativa, cierto olfato de gol y uno de los sprints más veloces del panorama futbolístico,, se le ha comenzado a quedar bastante pequeño el conjunto del norte de Londres en cuanto a aspiraciones deportivas. No en vano, llevan casi seis años en los que lo mejor que han podido llevarse a la boca fue una eliminación en cuartos de la Champions a manos del Barcelona vía poker de Messi. Y eso a Theo, que es un tipo con carácter y ambición, no le gusta un pelo. Ve como sus excompañeros Nasri, Fábregas, Song o Van Persie se han mudado y sus pretensiones, tanto a nivel económico como deportivo, han aumentado de manera considerable.

Si a esto le añadimos que la actual temporada de los pupilos de Wenger está siendo un auténtico fracaso ( 2º en liguilla de UCL en un grupo sencillo, 5º en una Premier cuyo título se le escapó casi desde el principio, eliminados de la Copa de la Liga ante el Bradford… ), el inglés de ascendencia jamaicana cree que va siendo hora de poner rumbo a conjuntos más competitivos. En Inglaterra se habla del United, del Liverpool, de la Juventus ( creo que encajaría perfectamente en Turín ) y, como guinda, del Chelsea. Los reds no parecen una mala opción, puesto que solo tienen a Luis Suárez como referente de nivel en la delantera y un extremo de la talla del ‘Expreso de Newsbury’ sería recibido con los brazos abiertos.

Para más inri, Walcott rechazó el pasado agosto una renovación de contrato para 5 años con los gunners, por lo que el club debe plantearse una sustanciosa mejora de la ficha o, de lo contrario, podría marcharse gratis al término de la presente temporada a menos que, en caso de irremediable marcha, los londinenses den su brazo a torcer y quieran hacer caja para el mercado invernal. Si finalmente se marcha, el equipo que más haya pujado por él lo habrá hecho con la certeza de que se lleva a un jugador con un futuro a corto y medio plazo totalmente prometedor.


Tras el aluvión de malos resultados de la mano de Di Matteo, a quien Roman Abramovic no le consentía un juego tan ramplón teniendo en plantilla a Hazard, Oscar o Mata, el magnate ruso decidió tirar por el desagüe al técnico transalpino y fichar a un técnico de garantías. Se especuló con Mou por el extraño momento por el que el de Setubal pasa por el Real Madrid, pero el elegido fue el madrileño Rafa Benítez. Mal asunto.

Mal asunto por una serie de motivos tales como haber sido entrenador de un gran rival, el Liverpool, donde dijo que jamás se iría al Chelsea por respeto al club de Anfield, con lo cual se auguraba un mal comienzo. Si bien Rafa no tuvo buen recibimiento en el Inter de Milán tras el paso triunfal de Mourinho por el club neroazzurro, de donde salió disparado apenas acabar el Mundial de Clubes, la relación negativa con la hinchada blue se acrecenta por la paupérrima relación entre, adivinen, Mou y él. Si a todo esto le añadimos que Di Matteo trajo la primera Champions al club londinense, el espectáculo en Stanford Bridge estaba servido.

En su presentación, Benítez dijo que llegaba al Chelsea para intentar revertir la racha tan negativa y no solo no lo ha conseguido, sino que probablemente haya empeorado a razón de dos empates, uno contra el ( inserte calificativo negativo ) Manchester City, y otro contra el Fulham, por no hablar de la bochornosa derrota contra el West Ham. La victoria contra el Norsjaelland no aplaca el ánimo en Londres puesto que, a pesar de meter 6 goles y no haberse dado el tan cacareado biscotto entre Juve y Shaktar, el vigente campeón de la Champions no ha logrado el pase a octavos, quedando relegado a la Europa League, aunque en absoluto es culpa de Benítez, sino de no haber hecho las cosas adecuadamente con anterioridad. Lo que es seguro, con solo 4 partidos en el banquillo, es que la media temporada se le va a hacer a Benítez y al público. Sambenito para Benítez y samBenítez para el Chelsea.

 


Si tuviéramos que catalogar al Manchester City como equipo, podríamos sacar un auténtico sinfín de adjetivos, tanto positivos como negativos: caro, talentoso, aburrido, tedioso, incomprensible, físico pero, por encima de todos, destacaría el de insoportable. Si a esto le añadimos que el señor Mancini es, probablemente, uno de los mayores ineptos de la historia del balompié obtenemos una de las debacles más sonadas el fútbol inglés.

Anoche el equipo de Roberto Mancini necesitaba dos goles contra un Borussia menor que solo jugó a consolidar el primer puesto, y al técnico italiano se le ocurrió la brillante, la feliz, la apoteósica idea de jugar con tres centrales ( PIM ), dos carrileros ( PAM ) y dos mediocentros defensivos ( PUM ). Una plantilla insultantemente cara ( 700 millones de euros gastados para obtener 3 puntos, a 233 millones el puntito ) que no solo no ha obtenido una mísera victoria, sino que ha cosechado una derrota y un empate contra un Ajax que en la Liga española lucharía por no descender. El año pasado, con una actuación más digna, por ser generoso, clasificó para Europa League, donde llegó hasta octavos con un aplastamiento previo al Oporto y, el año anterior, también llegó a octavos, cayendo contra el Dinamo de Kiev. El balance en los 4 años a base de petrodólares se resume en una Premier League ganada en la última jornada y una FA Cup, y Mancini parece que no se encuentra muy por la labor de poner talento con asociación en el campo.

Cuando sale de Inglaterra, el conjunto citizen es la más burda exposición de cicatería en un terreno de juego. Rehuye el balón, y eso a talentos como Touré, Silva, Nasri o Agüero los desactiva por completo, provocando descalabros sonrojantes contra equipos que apenas tienen recursos económicos en comparación al City. Cualquier técnico que no fuera un cobarde como el transalpino habría apostado por el juego directo y, a falta de toque, habría confiado en la ferocidad ofensiva de los Agüero, Balotelli, Dzeko o Tévez. Es una decepción para el espectador ver como Silva naufraga en estos partidos porque no tiene un compañero de baile decente. Es miserable asistir a una apuesta ultradefensiva cuando no hay absolutamente nada que perder y algo que ganar, pero Mancini no lo comprende, ni parece que lo quiera comprender.

Felicidades, Mancini, por tu renovación hasta 2017. Pero aun más, felicidades al Manchester City, que seguirá teniendo el dinero por castigo y el fútbol australiano como premio. A veces pienso que el técnico italiano se ríe de todo el club.


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Hoy me he despertado con la noticia de que Roberto Di Matteo ha sido destituido como entrenador del Chelsea, habiendo sido la abultada derrota en Turín ( 3-0 ) la última gota en el vaso de la paciencia de Abrahamovic.

El magnate ruso compró el Chelsea hace, aproximadamente, una década con el sueño de hacer a este equipo de pijo barrio londinense cammpeón de la Champions League. Compró una cantidad ingente de futbolistas sin los que es inconcebible pensar en el equipo londinense: Terry, Cole, Drogba, Lampard y Cech como líderes del vestuario, añadiendo a Meireles, Fernando Torres, Mata o Ivanovic entre otros, siendo quizá el asturiano el de mayor talento.

Y tras haber estado con pie y medio fuera de la Champions en el doble encuentro contra el Nápoles, que se resolvió en la prórroga, aplastó al Benfica, dando paso a un encuentro con sabor a revancha y fatídico a priori para la hinchada blue. El Barça, con una versión más imprecisa pero más potente que la última vez, llegaba a Stanford Bridge dispuesto a golear para que, en casa, fuera puro trámite. Ya saben la historia: derrota culé en Londres y empate en Barcelona, con un Drogba que tiró solo del carro del Chelsea, consiguió el pase a la final de Múnich, en casa del Bayern, donde con otro gol postrero del costamarfileño y una tanda de penaltys, se hizo con el ansiado título.

Quizá el Chelsea jugó incluso menos al fútbol durante la competición que aquel Inter de Mourinho, pero a diferencia del equipo milanés, que para mí tuvo mucha suerte a pesar de que los palos del conjunto de Londres ya tienen su sitio en el museo del club, fue un equipo espoleado por el coraje de esa fuerza de la naturaleza llamada Didier Drogba. Pero, aun así, los blues no pasarán a la historia del fútbol, como no pasará aquel Inter ni la Grecia de la Euro 2004.

Una vez pasada la fiesta, comenzó la temporada de forma pésima, perdiendo la Supercopa de Europa contra un apabullante Atlético de Madrid y un Falcao en plan estelar, pero se hizo con dos fichajes de inmenso talento: Oscar y Hazard. Parecía que el Chelsea iba a cambiar músculo por clase ( tiene nombres de sobra ), pero, para más inri, sigue con alineaciones físicas hasta el punto de que Roman, dicen, ordenó a Di Matteo jugar con los buenos. Y es cierto que en este corto tramo de temporada ha tenido partidos muy buenos, pero miren, cualquiera que sepa lo que es un 4-3-3 o un 4-5-1 sabe ver a los buenos y juntarlos. Y Di Matteo, cuando el guión le exigía esto en el encuentro contra la Vecchia Signora, sale sin 9 y con cinco defensas. Que me lo expliquen, yo no lo puedo entender.

Como he dicho, el máximo título continental, y quizá el más prestigioso a nivel mundial en cuanto a clubes, solo ha servido como aval de, apenas, 6 meses para el técnico transalpino. Me alegro infinitamente de que esto haya sido así. No le guardo rencor alguno al conjunto inglés como tal, de hecho, admiro muchísimo a Didier, a Frankie Lampard o a Cech, por hablar de históricos, y sería un crimen que no hubieran acabado su carrera con una Champions. Lo que me hace sentir ésta satisfacción es el hecho de que cada vez mayor parte del público demande un espectáculo acorde a la cantidad del plantel. Supongamos que el Céltic gana esta Champions. No me molestaría, es un equipo sin una gran calidad pero que sabe trabajar con lo que tiene. Patente quedó en Glasgow hace dos semanas. Pero es intolerable poner a jugar a Mata casi de lateral o a Hazard de delantero centro.

No se ustedes, pero yo por ahí no paso.